Sarita y José Pedro Moncayo
viernes, 26 de junio de 2015
martes, 16 de junio de 2015
Cuentos sobre lo diferente
Casualmente,
durante dos semanas consecutivas, mi hija trajo a la casa dos libros que
trataban de lo mismo: la reacción de las personas ante aquel que se nos aparece
como venido de “afuera”.
En “La otra
orilla” de Marta Carrasco, los niños deciden conocerse pese a estar separados
por un río y pertenecer a pueblos distintos. Son latinos y europeos que poseen
algunas diferencias raciales y culturales, pero también algunas similitudes
fundamentales. El sentimiento que parece animar a los padres es el miedo,
atribuyédole al de la otra orilla todo tipo de connotaciones negativas que sólo
pueden verse desmentidas en la posibilidad de un encuentro donde quepa la
intimidad.
En “El sapo y el
forastero” de Max Velthuijs, los animales
hacen lo posible por expulsar a un recién llegado al que le suponen los
males del infierno. Sus supuestas costumbres echarían a perder las supuestas
idoneidades del pueblo. Sólo el sapo hace caso omiso de las advertencias y con
cautela se acerca al extranjero, descubriendo en él las diferentes texturas de
quien se ha abierto al mundo y que, por ende, ya ni siquiera se ofende
demasiado con los rechazos pues
probablemente los entiende como ignorancias pueblerinas. Los aportes de este
ratón afuerino terminan por permear las rigideces del pueblo, pero él debe a su
vez seguir su camino.
Mis hijas
tienden a ser conservadoras, les gustan las rutinas, las comidas conocidas,
escuchan discos hasta rayarlos y ven películas hasta memorizarlas. En fin, no
me parece que por el sólo hecho de ser niñas les sea fácil lidiar con la
novedad. Sin embargo, porque todos hemnos sido testigos de cómo esas tendencias
pueden permanecer inmutables en un ciudadano adulto, es que creo en el valor de
intentar trabajar esta musculatura desde la infancia. Pequeñas experiencias de
diversidad, invitaciones sin presión a vivenciar lo nuevo, conversaciones sobre
tener ganas de rechazar y al mismo tiempo de temor a ser rechazado, cuentos que
los ayuden a identificarse con ambos lados de un encuentro entre distintos, me
parecen oportunidades particularmente nutritivas para remover ese deseo
aparentemente tranquilizador de quedarnos en la comodidad de lo conocido.
Por Monica Vergara, psicòloga y mamá de Beatriz y Camila Contreras.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
El árbol de los recuerdos
Max se va
Max se va
Llegó por correo, lo que duplica la emoción, un libro
maravilloso de la alemana Britta Teckentrup,
ilustradora que vive en Berlín, autora de más de cuarenta libros para niños. Es
la edición en inglés, The Memory Tree;
ya la tradujo como El árbol de los
recuerdos la editorial Nube
Ocho, que tiene en su catálogo varios libros para niños desde tres años
sobre experiencias como la falta, el aburrimiento, la tristeza.
Un zorro que ama la vida sabe que debe morir, y se tumba en
un claro del bosque. Lo cubre la nieve. Baja un búho, que llora por perder a su
amigo. De a uno van llegando los animales, están tristes y lo recuerdan
contando sus momentos felices y cotidianos. Lo extrañan. Entonces, en el lugar
donde se tendió el zorro brota un árbol. Es naranjo, como el zorro; mientras
más lo recuerdan, el árbol crece hasta ser el más lindo del bosque y cobijar a
todos los animales.
El libro de partida acepta la muerte y ante la pérdida
habla, comparte; si el amor supera la tristeza, pasan las penas; si hablamos
entre todos, construimos armónicamente. Pensar en la muerte, en lo que no
tendremos, es difícil, pero juntos nos afirmamos. Con las palabras y con los
demás, la muerte es renacer, no una terminación sino una entrega a la vida de
todos, de todo.
La enseñanza de este libro precioso me hace recordar uno
opuesto, Max se va, de Erio Gherg y Jörg
(Takatuka), menos bonito pero no por eso menos admirable. Explica algo más difícil aún, la injusticia y
la necesidad de irse, de romper con los demás. Después de ser acusado de
haberse comido al mejor amigo del pato, un guarisapo –que nunca fue comido,
sólo se hacía vuelto sapo–, el cuervo es juzgado por el rumor general (chancho,
caballo, vaca, oveja, perro; miran a lo lejos un gato y un topo) y encerrado en
la jaula del conejo. Días después se dan cuenta de que es inocente y lo
liberan, pero Max se va. Es una gran felicidad cuando Max se libera y se va.
http://www.brittateckentrup.com/old_website/news.htm
http://nubeocho.com/index.php/es/
sábado, 4 de octubre de 2014
domingo, 21 de septiembre de 2014
viernes, 4 de julio de 2014
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